El paro agrario, con gran sentido
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Fecha publicación: 19/Jul/20139:12:18 AM
El paro agrario, con gran sentido
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Vuelve y juega, no para, y como va, será para largo. No es ni será la única.Hace 40 días inició en el Catatumbo, ayer, el paro de los mineros, Maña en el Tolima, lo puede también ser en el eje cafetero, y en unos días se retoma el paro de Papicultores, porque el contentillo con el que apaciguaron los ánimos tan solo fue una farsa. Las consecuencias no pueden ser menores.  En Catatumbo, la rebeldía es incontrolable. Acaso una solución en contra de un flagelo que azota la economía y la tranquilidad social como lo es los cultivos ilícitos, se pretende solucionar erradicando de tajo el sustento “algo ilegal”  de más de 14 mil campesinos, sin mediar otra alternativa económica?.  Esta crisis nos remite a la cruda realidad que nos dibujaran en La Vorágine y La Rebelión de las Ratas, José Eustasio Rivera y Fernando Soto Aparacio, algunas teñidas de sangre, miseria y revoluciones acosadas por el hambre y el dolor por la muerte de humildes recolectores de caucho y carbón en las selvas y campos de nuestra patria.  

Es una revolución pacífica. Lasson “armas”, algunas piedras que se escapan en contra de sus provocadores. Las otras armas y explosivos, son consecuencia de la infiltración de grupos al margen de la Ley.

El panorama cada vez será más oscuro.Lo peor de todo es que se desconocen las consecuencias que tristemente serán vividas por quienes no tienen parte en esta “guerra”, los niños, jóvenes y adultos mayores. Los primeros con muchas ilusiones, no saben la realidad del conflicto, los segundos, se preguntarán porqué hasta ahora se han despertado.  Cuál es la verdadera gestión y a la fecha cuáles han sido los hallazgos e intermediación del Ministerio Público?, esto demuestra la gran debilidad hoy de nuestras instituciones. Por encima de todo se desconoce la prevalencia de los derechos humanos, cuando de por medio la mayor  parte son niños y jóvenes que atienden a sus parcelas, acompañan una incomprendida crisis y desatienden la necesaria y no exigida escolaridad.  

Desproporcionadas o no las medidas del gobierno, la crisis en Catatumbo ya ha cobrado la vida de cuatro personas,  más de un centenar de heridos entre campesinos y miembros de la fuerza pública, y más de 40 días de violencia e intolerancia, que acompañadas de hambre e improductividad, no dan espera para que se abran las puertas a misiones internacionales que quieren mediar en el proceso.  

Miguel Acosta

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